Denegada pensión de viudedad por violencia de género a un hombre maltratado por su marido”. ¡Toma titular que he leído en un periódico! O sea, que si eres mujer y te hostia tu pareja-hombre sí que vale, pero si eres mujer y te pega tu pareja-mujer o eres hombre y te pega tu pareja-cualquiera no vale. ¿Cuál es la lógica de esto? ¿Que un hombre es más fuerte que una mujer y entonces tiene superioridad física? Como si una regla general sirviese para tratar un caso concreto. Hagamos pruebas de fuerza a los agresores para determinarlo, ¿no? Al menos eso sería más objetivo. Como es obvio, esa no es mi propuesta. Mi propuesta es considerar la violencia en la pareja de forma asexual. Si tu pareja te pega, es violencia. Sin más. A mí, el peor caso dentro de la violencia en la pareja, me parece cuando una mujer maltrata a un hombre. El maltratado en este caso sufre la parte del maltrato como en cualquier otro caso, pero tiene un extra de humillación porque mucha gente se reirá de él o no le harán tanto caso cuando cuente que le pega una mujer (lo que en sí mismo me parece un símbolo más del machismo imperante aún en partes de la sociedad. El propio hecho de que la ley solo reconozca el maltrato de un hombre a una mujer me parece ya machismo legislativo en sí mismo, porque das por hecho la inferioridad de un sexo). En todo caso, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en una sentencia de noviembre de 2019 (referencia 982/2019), ha desestimado abrir la mano en la definición. Así que hombres en general y lesbianas en particular estáis jodidos si os maltratan.

Esto me ha hecho pensar en la discriminación positiva en general. En este caso, la ley de violencia de género solo protege a mujeres heterosexuales. También hay discriminación positiva en las ayudas a contratación de menores de treinta años, mayores de cincuenta y cinco y mujeres de cualquier edad (una vez más los hombres de mediana edad nos quedamos fuera), en las pruebas físicas de determinados colectivos (por ejemplo, policía), en la ley de autónomos también hay ayudas especiales para mujeres (por el mero hecho de serlo disponen de cinco años más para disfrutar de un tercer año de bonificación que los hombres), hay discriminación positiva para discapacitados, también a favor de lenguas cooficiales, para obligar a tener cuotas de mujeres en determinados sitios (consejos de administración de empresas, partidos políticos…) y ahora también el cine.

Yo creo que se nos está yendo de las manos. En el cine, por usar este último ejemplo, el 85% de los especialistas en maquillaje y vestuario son mujeres y el 80% de los guionistas hombres. ¿Alguien va a sacar una ley para promover a los hombres en la parte del vestuario? ¿Es necesario forzar para que haya más mujeres guionistas? Miremos las universidades. Según las estadísticas universitarias publicadas por el Ministerio de Educación y FP para el curso 2018-2019 en carreras de informática solo el 12’9% de los matriculados eran mujeres y en carreras relacionadas con Educación el 80%. Por lo tanto, veremos pocas informáticas en las empresas y muchas profesoras en los colegios. Lo mismo en otras áreas, hay muchas médicas y pocas ingenieras. Y eso no es discriminación, es que tienen intereses diferentes. Estamos tan obsesionados con la igualdad que no damos opción a que queramos cosas distintas. Lo importante es que cada persona, independientemente de género o circunstancias personales, pueda elegir lo que quiera. Una vez que las oportunidades son iguales no hay por qué forzar ningún tipo de paridad de nada. Seguramente esta elección tenga en parte que ver con la falta de referentes femeninos en esas áreas y se podría trabajar en dar visibilidad a mujeres que triunfaron allí para que vean que es posible. Pero esto es promover, no discriminar. La diferencia es importante.

Es como el debate que se abrió hace un tiempo de si las tenistas deberían tener los mismos premios que los tenistas. A ver, esto es deporte y los premios y salarios en los deportes van en relación a los ingresos de taquillas y televisión. En televisión pagan 500 millones de dólares por los derechos del tenis femenino y 1.200 por el masculino. Más del doble (y el anterior contrato era de 19 millones, 63 veces menos, así que ha mejorado mucho). Y no es que las televisiones discriminen, es que pagan más porque tienen más audiencia. En el fútbol u otros deportes la brecha ya es brutal. Tan brutal que en muchos ni siquiera existe aún el deporte profesional femenino. Más datos: las finales de la NBA femenina (WNBA) en ESPN tuvo una media de 500.000 espectadores y la masculina 6 millones y medio (7 veces más). ¿Pueden ganar lo mismo? Está claro que no. Y estamos hablando de los deportes con más igualdad de audiencia. Si nos vamos a otros como balonmano o fútbol sala las cifras son de risa. Si obligasen a los clubes de fútbol a pagar a las mujeres lo mismo, o parecido, que los hombres, simplemente no existiría el fútbol femenino porque ningún club podría sostenerse. El sueldo de Messi es mayor que el presupuesto de todos los clubes de primera división femenina juntos.

Llamadme loco, pero creo en la meritocracia. Quiero al mejor político, sea del sexo que sea, y el mejor cuerpo de policía posible. Me da igual que la persona que me salve la vida sea hombre o mujer, lo que quiero es que me salven. Creo que la discriminación positiva atenta contra el principio de igualdad de derechos de la gente. Yo soy hetero y de mediana edad, carne de cañón para no recibir ninguna ayuda. ¿Tengo la culpa de eso? ¿Si me quedo sin trabajo mis hijos no pasarán hambre porque su padre es “estándar”? Aun así, veo el valor que ha podido tener en algunos momentos. Pongo un ejemplo, cuando casi ninguna mujer trabajaba, a lo mejor, ayudó una ley a su favor; pero, una vez llegado a un nivel como el que estamos en España (que no digo que haya igualdad de oportunidades total, pero se va acercando), creo firmemente que la discriminación hace un flaco favor a la causa. Cuando empieza a haber oportunidades reales, aunque no sean idénticas, hay que fomentar la normalización y la igualdad como principio fundamental. Cuando alguien llegue a un determinado puesto seguro que quiere saber que es porque lo vale y no porque tiene genitales diferentes. Creo que, llegado a un punto, es mejor dejarse de discriminación y tratar el tema con naturalidad e igualdad. Eso lo hará justo de verdad.

Además, me surge la duda de dónde poner el límite. En España, según la Wikipedia, hay un 4% de musulmanes, ¿no deberían tener su cuota en la policía o entre los médicos? ¿Y lo mismo para el 7% de población homosexual? Hay prismas infinitos desde dónde mirar y no sé por qué unos son más importantes que otros. ¿Qué pasa con la población negra o los ciegos? Solo veo que la discriminación puede ayudar en los tiempos actuales para colectivos realmente desfavorecidos. Pongo ejemplos: los discapacitados para trabajos en los que la discapacidad que tengan no sea un problema o a las personas de rentas más bajas que han demostrado su valía para ayudas al estudio. Porque esa es otra, me parece bien que haya ayuda a los estudios. Si uno tuvo la suerte de nacer en una familia con recursos allá sus padres con su dinero, pero para los que, por desgracia, no han tenido esa oportunidad de nacimiento, se la daría si se lo ganan. Pagarle la universidad a una persona que saca unas notas peor que regulares porque sí, no me parece ni de lejos lo correcto. La igualdad de oportunidades se da en la enseñanza obligatoria, que es gratuita, el que no ha demostrado interés y valía ahí, lo siento. Los recursos son limitados y hay que usarlos de la manera más óptima posible. Todo el mundo merece una oportunidad, pero esa oportunidad solo se debe mantener en el tiempo a quien demuestra merecerla. Es como esos padres que pagan una pensión para hijos de treinta años que ni estudian ni buscan trabajo ni quieren saber nada de la vida. Eso es una vergüenza. Por fortuna, en este último ejemplo ya está habiendo sentencias que marcan una pauta diferente a la que había hasta ahora quitando esos derechos que parecían eternos a quienes no se los merecían.

Mi punto de vista sobre esto es que, en general, la discriminación positiva es mala y lo que hay que hacer es atajar las razones de las desigualdades, no crear nuevas. Claro ejemplo que va en el buen camino: si no se contratan mujeres porque tienen hijos y están cuatro meses de baja, iguala la baja a los padres. Muerto el perro se acabó la rabia. Las acciones deberían ir en el sentido de vigilar muy bien que no haya discriminación y ser ejemplarizantes con los que la apliquen. De eliminar las causas raíz de esa discriminación y no dar excusas para ejercerla. Si hablamos de la famosa brecha salarial. El artículo 28 del Estatuto de los trabajadores dice que el empresario está obligado a pagar la misma retribución por la prestación de un trabajo de igual valor y características, sin que pueda discriminarse por razón de género. Entonces, ¿hay casos de discriminación salarial? Los hay. ¿Es la solución la discriminación positiva? No. La solución es hacer cumplir la ley. Si sufres un caso de estos, acudes a Inspección de Trabajo o a la vía judicial y haces valer tus derechos. Luego la Administración o los jueces analizarán las condiciones laborales específicas para ver si son equivalentes y, por lo tanto, merecen la misma retribución. Si es así, al empresario se le caerá el pelo y los de al lado se lo pensarán dos veces antes de caer en el mismo delito. Por ahí es por dónde se debe trabajar, en hacer cumplir la ley y en hacer que las condiciones sean efectivamente iguales, eliminando excusas para preferir a un tipo de persona sobre otro.

Creo que la discriminación positiva es discriminar y creo que vamos avanzando, pero muy despacio, en el buen camino, el de la igualdad real. En un mundo ideal todo el mundo tendría todas las oportunidades posibles, pero hay que vivir la realidad. Como eso no se puede, creemos un entorno de igualdad real, demos oportunidades a todos, pero mantengámoslas solo a los que se las ganan. Punto. Eso recompensará el esfuerzo y motivará a otros a intentarlo. Cualquier otra cosa es un engaño. Y discriminación.